

Las vitaminas son sustancias imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo, ya que intervienen en numerosas reacciones metabólicas y en diversos procesos del cuerpo, tales como la formación de los tejidos, la coagulación sanguínea, la transmisión nerviosa, el crecimiento, el mantenimiento de los huesos, así como funciones antioxidantes y de protección de la piel, entre otros.
Nuestro organismo no puede sintetizar la mayoría de las vitaminas, por lo que las debemos tomar por medio de los alimentos. Una alimentación normal y variada suele ser suficiente para cubrir las necesidades vitamínicas, pero en ocasiones puede haber una deficiencia por diversas causas: hábitos alimentarios desequilibrados, seguir dietas de adelgazamiento sin vigilancia sanitaria, tomar determinados medicamentos o sustancias (alcohol, tabaco) que interfieran con ellas, problemas de falta de absorción, situaciones especiales (estrés, fatiga, ejercicio físico, infecciones), etc.
Las vitaminas se encuentran repartidas en muy diversos alimentos, tales como carnes, pescados, leche, frutas, verduras, aceites y legumbres. Sin embargo, en los procesos de transformación, almacenamiento y cocinado de los mismos, pierden gran parte de su contenido vitamínico o de su actividad, por lo que, en el caso de dar lugar a alguna carencia, así como en los casos anteriores, se debería complementar con complementos multivitamínicos.
Son componentes inorgánicos de la alimentación. Desempeñan un papel muy importante en el organismo, pues son necesarios para la formación de tejidos y hormonas, y participan en la mayor parte de reacciones químicas en las que intervienen enzimas.
Las principales fuentes de minerales son las plantas, ya que éstas los extraen de la tierra y los incorporan a sus tejidos. Es por eso que los vegetales, legumbres, frutas, semillas y nueces, son las principales fuentes de minerales
